Serie pictórica. Acrílico sobre lienzo, medidas variables, 2010-2014.
La obra se sitúa en esa frontera cada vez más diluida entre lo natural y lo artificial.
Toma como referencia el legado clásico del “bodegón”, ahora representado en pequeñas naturalezas muertas, suspendidas en un espacio que recuerda más a una nevera que a una mesa.
Hoy en día no necesitamos conocer los procesos que lo hacen posible para que un alimento llegue a nuestra mesa. Nos proveemos de todo lo necesario en grandes superficies de distribución, en donde a menudo los alimentos aparecen envasados, “retractilados” y etiquetados.
El ritmo acelerado, la vida urbanizada y una relación cada vez más utilitaria del medio natural han ido construyendo una brecha entre las personas y aquello que las sostiene. Esta distancia entre el alimento y su origen hace patente también una carencia nuestra como especie.
Quizá estas naturalezas muertas hablan también de una sociedad que, al envolver y aislar aquello que come, parece haberse aislado también a sí misma, dando la espalda a la naturaleza de la que proviene.