Instalación con 300 envases. Acrílico sobre tetrabrik. 2023.
El alimento ejerce una acción directa en nuestro organismo, una vez consumido pasa a formar parte de lo que somos.
Me pregunto hasta qué punto somos conscientes de cómo la industria alimentaria nos modela, como seres individuales y como sociedad. Modifica nuestro entorno y los paisajes que habitamos.
Durante siglos el ser humano ha obtenido el alimento de la naturaleza, en donde encontraba su sustento. Tras la expansión tecnológica la industria nos provee de todo lo que necesitamos.
Estos nuevos espacios de consumo se manifiestan en expositores alineados y homogéneos, repletos de envases “fronteados” que a menudo imitan a la naturaleza, con imágenes que nos recuerdan el origen del producto en su estado -no procesado- creando así una suerte de paisaje fluido y repetitivo que a penas distingue dónde termina el alimento y dónde comienza su representación.
La obra está compuesta por 300 tetrabriks pintados a mano, evitando la marca y texto del envase, conservando la “sugerencia de presentación”. Un fragmento de naturaleza representada, detenida sobre la superficie de lo que consumimos en el límite entre lo natural y lo artificial.